José Sarria: «Siempre existirá en mi poesía la elaboración de un discurso bajo las premisas del humanismo solidario»

por Javier Gilabert

Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

José Sarria: Este libro obedece a la imperiosa necesidad de conversar con el lector sobre un asunto que me parece, en este preciso momento, esencial en el devenir de todo ser humano, como es el tránsito vital, nuestra temporalidad, nuestra interinidad. 

Y es ahora porque desde mi último libro, ‘El Libro de las aguas’, publicado en 2016, ya han pasado seis años. Mi producción poética es lenta, necesito reflexionar, ahondar en aquello acerca de lo que quiero conversar, tal y como decía Machado: «Algunas rimas revelan muchas horas gastadas —alguien diría perdidas— en meditar sobre los enigmas del hombre y del mundo”. Y, bueno, seis años de lecturas y reflexiones son suficientes como para convenir que el texto obedecía a lo que me interesaba aportar.

¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Nos ha enseñado el maestro Antonio Enrique que: “El poeta es quien, más que mira, ve y, más que ver, elabora lo que mira”. Este libro diría que nació hace como cuatro años, pero necesitaba de un tiempo necesario para la reflexión personal.

Sabía que estaba ahí, había tomado posesión del libro en un viaje a Marruecos que hice con un grupo de poetas. Lo había captado íntegro y compacto. En algún lugar de mí ya se encontraba aguardando, como en la cubeta, el líquido de revelar la emoción, el estremecimiento.

Pero necesitaba que transitara a través de mi sangre enaltecida. Era preciso esperar a “ver”, a elaborar la mirada y que se hiciera posible el milagro de la emoción, iluminada, mágica y misteriosa: la poética. Y es así como todo aquello acampó, pausada y sosegadamente durante los meses más duros de la pandemia (aunque algunos poemas sueltos ya existían desde antes).

Escuche decir a Juan Carlos Abril en uno de los cursos de verano de la UNIA que “la poesía necesita de tiempo, reflexión y reposo”, en la misma línea de lo señalado por Concha García: “Quienes nos dedicamos a la poesía somos lo contrario de los banqueros, el tiempo es nuestro capital, la lentitud nuestro movimiento …/… La poesía es una revelación, no un negocio”. Y así fue como afloró, en esos días tan extraños de Covid, aquella semilla sembrada con anterioridad.

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

‘Tiempo de espera’ es un poemario que propone una profunda y abisal reflexión acerca de tres elementos esenciales, a nivel personal: nuestra vulnerabilidad, nuestra transitoriedad y nuestra identidad.

Es una intensa reflexión existencial acerca de nuestra efímera historia personal; enseñanza que solo pudimos aprender en ese «tiempo de espera», cuando la vida nos paró de golpe; pero hecha, también, en un tiempo personal en el que, abandonada la adolescencia, la juventud y escapándose la madurez, reflexiono desde una terraza vital en la que yo me encuentro instalado, en ese tiempo personal a la espera de un final que se intuye, por primera vez, más cercano.

Pero, no es una reflexión triste ni caliginosa; al contrario, este poemario es un canto hialino, alegre y feliz que se eleva gozoso por lo vivido. Es, por tanto, un canto de alegría a la existencia, a lo hermoso que hay en este tiempo que hemos convenido en llamar vida.

¿Qué efecto esperas que tenga el libro en ell@s?

Decía Stendhal que “poeta es el que conmueve”. Ese es mi objetivo axial a la hora de construir mi poesía: ser capaz de emocionar al lector, porque desde este espacio público que es el poema, es posible (a través de la emoción) establecer un diálogo mudo con el lector, de conciencia a conciencia, para, de alguna manera, poder contribuir a constituir una nueva subjetividad en él. 

Esto es lo que entiendo como poesía y es lo que espero con cada libro, también con éste: contribuir al establecimiento de un proyecto de emancipación humana destinado a constituir la identidad de un sujeto incardinado en su historia, a través de una nueva educación de la subjetividad. Es lo que nos enseñó Shelley en su ‘Defensa de la poesía’: “la Poesía es el más inefable heraldo, compañero y seguidor del despertar de un gran pueblo”.

¿En qué medida veremos en él —o no— al José Sarriá de tus anteriores obras?

Desde ‘La Voz del desierto’ (1997) hasta ‘El Color de la Memoria’ (2016) y ‘El libro de las aguas’ (2016), pasando por los poemarios intermedios, ‘Sepharad’ (2000) y ‘Raíz del Agua’ (2011), en todos ellos subyace la necesidad de indagar en la idea de la identidad vinculada a un humanismo solidario que reivindica el compromiso de incorporar la otredad en la identidad personal, desde la máxima de que el otro no solo existe, sino que nos constituye.

En este sentido, esta obra se aleja de aquella propuesta poética, casi unitaria, que quedó cerrada con ‘El Color de la memoria’, por lo que el lector va a descubrir una propuesta absoluta y diametralmente diferente a lo que, digamos, pudiera estar acostumbrado.

Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Tiempo de espera’, ¿cuáles serían?

Sinceramente, me cuesta elegir solo tres; pero, si es esa es la única opción, elegiría Tiempo de espera (que da título al libro), Yo soy el Oriente e Infancia.

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